El mercado automovilístico europeo vive una transformación de una brutalidad sin precedentes. En el primer trimestre de 2026, los fabricantes chinos BYD, Nio, Xpeng y MG (propiedad de SAIC) captaron el 18,7% de las ventas de vehículos eléctricos en Europa, frente al 11,2% de un año antes, según datos de la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA). BYD, que se convirtió en el primer vendedor de vehículos eléctricos del mundo por delante de Tesla en 2025, comercializa ahora su modelo Seagull en Francia por 16.900 euros, un precio que desafía toda competencia europea. (Fuentes: ACEA, BYD Europe, Reuters)

Ante esta ofensiva de precios, los fabricantes europeos aceleran su contraataque. Stellantis (Peugeot, Citroën, Fiat, Opel) lanzó en marzo de 2026 el Citroën ë-C3 por 23.300 euros, un vehículo eléctrico compacto con una autonomía de 320 kilómetros. Volkswagen prepara su ID.2 por menos de 25.000 euros para el cuarto trimestre. Renault, con su R5 eléctrico a 24.900 euros, ostenta una cartera de pedidos de 150.000 unidades en Europa. Pero los márgenes están bajo presión: según UBS, el beneficio medio por vehículo eléctrico vendido en Europa ha caído a 800 euros, frente a los 2.400 euros de un vehículo térmico equivalente. (Fuentes: Stellantis, Volkswagen AG, UBS Research)

La Comisión Europea, dividida entre la protección de su industria y sus objetivos climáticos, impuso en octubre de 2025 derechos de aduana compensatorios de entre el 17,4% y el 38,1% a los vehículos eléctricos importados de China, tras una investigación antisubvenciones de nueve meses. Pekín respondió con restricciones a la exportación de tierras raras, esenciales para las baterías y los motores eléctricos, creando tensiones comerciales comparables a las de la guerra de los semiconductores de 2022-2023. Las negociaciones entre Bruselas y Pekín, dirigidas por el comisario de Comercio Valdis Dombrovskis, se encuentran en un punto muerto. (Fuentes: Comisión Europea, Financial Times, MOFCOM China)

En el plano tecnológico, la carrera por la autonomía y la carga rápida redefine los estándares. Las baterías de estado sólido, prometidas desde hace una década, llegan finalmente a la producción en serie: Toyota lanzó en febrero de 2026 su SUV bZ5X equipado con una batería de electrolito sólido que ofrece 900 kilómetros de autonomía y una carga del 10% al 80% en doce minutos. CATL, el gigante chino de las baterías, anuncia una densidad energética de 500 Wh/kg para su próxima generación, frente a los 300 Wh/kg actuales. La cuestión de la infraestructura de carga, un freno importante para la adopción durante mucho tiempo, se resuelve progresivamente: Europa cuenta ahora con 800.000 puntos de carga públicos, de los cuales 120.000 son ultrarrápidos (150 kW o más). (Fuentes: Toyota Motor Corp, CATL, ChargeUp Europe)

Los analistas de McKinsey estiman que la cuota de mercado de los vehículos eléctricos en Europa alcanzará el 45% de las ventas nuevas en 2026, frente al 24% en 2024. Esta aceleración plantea la cuestión de la supervivencia de los fabricantes incapaces de ofrecer modelos eléctricos competitivos por menos de 30.000 euros. "Para 2030, solo quedarán cinco o seis grandes grupos automovilísticos mundiales", predice Carlos Tavares, CEO de Stellantis. La revolución eléctrica ya no es un horizonte, es el presente, y no tiene prisioneros.