En Francia, más de 12 millones de personas practican la carrera a pie, según la Federación Francesa de Atletismo. El running se ha convertido en mucho más que un deporte: es un modo de vida, una herramienta de gestión del estrés, un marcador de identidad. La literatura científica se acumula en su favor. Un metaanálisis publicado en el British Journal of Sports Medicine (2020) demuestra que los corredores regulares presentan un riesgo de mortalidad por todas las causas reducido en un 27 %, un riesgo de mortalidad cardiovascular disminuido en un 30 % y un riesgo de mortalidad por cáncer reducido en un 23 %. «Incluso un trote ligero, una o dos veces por semana, aporta beneficios medibles», señala el estudio.
En cuanto a la salud mental, los resultados son igualmente elocuentes. Un ensayo clínico a gran escala realizado en los Países Bajos (estudio MOTAR, 2023, publicado en el Journal of Affective Disorders) comparó la carrera a pie con antidepresivos en 141 pacientes con depresión o ansiedad: después de 16 semanas, ambos grupos mostraron una mejora comparable de los síntomas. Correr actúa como un antidepresivo natural al estimular la producción de endorfinas, serotonina y BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), una proteína esencial para la neuroplasticidad. Es esta mecánica bioquímica la que produce la famosa «euforia del corredor».
Pero esta euforia tiene un reverso: la bigorexia. Reconocida como patología por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2011, la bigorexia —o dependencia al ejercicio— afecta a alrededor del 15 % de los deportistas regulares, según un estudio del profesor Michel Lejoyeux, psiquiatra del hospital Bichat-Claude Bernard de París. La carrera a pie, el ciclismo y la musculación son las tres disciplinas más afectadas. Los síntomas son característicos: imposibilidad de saltarse una sesión sin sentir ansiedad o culpa, aumento progresivo de los volúmenes de entrenamiento, negligencia de la vida social y familiar, continuación de la actividad a pesar de las lesiones.
El Dr. Lejoyeux ha identificado un perfil tipo: «El bigoréxico no corre por placer, corre para no sufrir. La sesión ya no proporciona alegría, pero su ausencia provoca un síndrome de abstinencia comparable al de una sustancia adictiva». Los mecanismos neurobiológicos son además similares: el ejercicio intensivo activa el circuito de recompensa dopaminérgico, el mismo que está implicado en las adicciones a sustancias. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology (2025), realizado sobre 1.200 corredores de ultra-endurance, revela que el 21 % de ellos presentan síntomas de ansiedad clínica y el 18 % trastornos del sueño relacionados con su práctica.
¿Cómo distinguir la pasión saludable de la deriva? Los especialistas proponen varias señales de alerta: correr a pesar de una lesión diagnosticada, sentir irritabilidad o depresión en caso de reposo forzado, organizar toda la vida social en torno al entrenamiento, mentir a los allegados sobre el volumen real de entrenamiento. La Sociedad Francesa de Medicina del Deporte recomienda no superar cinco sesiones semanales y planificar semanas de recuperación regulares. El running sigue siendo un aliado excepcional de la salud física y mental, a condición de no olvidar nunca que el descanso forma parte del entrenamiento. Fuentes y enlaces: - Running et santé mentale — AthleExplique.fr - Lejoyeux, M. et al. (2012) — Exercise dependence, Journal of Behavioral Addictions - Scheer, V. et al. (2025) — Anxiety and sleep in endurance runners, Frontiers in Psychology - Marathon après marathon : quand la passion devient fardeau mental — Marathons.fr - La bigorexie : addiction qui touche 15 % des sportifs — TF1 Info - La bigorexie : quand la passion du sport devient une addiction — Forme et Santé - La bigorexie : les dangers de la dépendance au sport — Jogger's Sport





