Eran las 22:17 en Nueva York cuando el martillo de la presidenta de la Asamblea General, la camerunesa Philémon Yang, adjunta de Annalena Baerbock, cayó sobre el estrado de la 79ª sesión. Por 141 votos a favor, 6 en contra —Estados Unidos, Rusia, Israel, Arabia Saudita, Hungría, Argentina— y 28 abstenciones, las Naciones Unidas adoptaron este miércoles 20 de mayo de 2026 la resolución A/79/L.92, titulada «Obligaciones de los Estados en materia de cambio climático». Una votación histórica, elogiada el jueves 21 de mayo en todos los medios internacionales, desde Le Figaro hasta Le Monde, pasando por Le Devoir y RFI, y que consagra la traducción política de la opinión consultiva emitida en julio de 2025 por la Corte Internacional de Justicia a solicitud de Vanuatu.
De Vanuatu a Nueva York, una larga marcha
La aventura comenzó en 2019 en un aula de Port Vila, donde una veintena de estudiantes de derecho habían imaginado someter la cuestión climática a la Corte Mundial. Siete años después, esos mismos estudiantes estaban presentes en el balcón de la Asamblea. El ministro de Cambio Climático de Vanuatu, Ralph Regenvanu, pronunció un discurso de ocho minutos aclamado con una larga ovación: «Durante décadas se nos dijo que la justicia climática era una utopía de pequeños estados insulares. Hoy, la humanidad ha elegido el camino del derecho». Una fórmula retomada palabra por palabra por el secretario general António Guterres, quien evocó «un punto de inflexión tan decisivo como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948».
Lo que dice precisamente la resolución
El texto, con 31 párrafos operativos, hace tres cosas esenciales. Primero, recuerda que las obligaciones de los Estados en materia de reducción de emisiones no solo derivan del Acuerdo de París, sino también del derecho internacional consuetudinario y de varios tratados de derechos humanos. Luego, establece que cualquier incumplimiento "sustancial y deliberado" de estas obligaciones puede implicar la responsabilidad internacional del Estado infractor, abriendo el camino a acciones contenciosas ante la CIJ. Finalmente, invita a las jurisdicciones nacionales a integrar estas obligaciones en su ordenamiento interno y anima al Consejo de Derechos Humanos a desarrollar un mecanismo de seguimiento específico. La resolución menciona explícitamente las energías fósiles como "causa principal" del desequilibrio —una formulación arrancada con gran esfuerzo al grupo árabe.
El bloque de los oponentes
Los seis Estados que votaron en contra forman un grupo heterogéneo pero revelador. Washington, por voz de la representante adjunta Dorothy Shea, denunció «un texto que socava la soberanía de las naciones y la innovación empresarial». Moscú habló de una «maniobra política de los europeos contra los países productores». Riad y Buenos Aires se refugiaron tras argumentos económicos y constitucionales. Más inesperada fue la Hungría de Viktor Orbán, que se desmarcó por primera vez públicamente del consenso europeo, explicando que la resolución «preparaba el terreno para litigios repetidos contra los Estados soberanos». Entre los abstencionistas, destacan India, Brasil, Indonesia, Irán y México —una señal de alarma sobre la espinosa cuestión de la financiación.
Un alcance jurídico inédito
Una resolución de la Asamblea General, a diferencia de una decisión del Consejo de Seguridad, no es jurídicamente vinculante. Pero al consagrar por escrito la opinión consultiva de julio de 2025, cambia las reglas del juego. Según Sandrine Maljean-Dubois, directora de investigación del CNRS, entrevistada por Le Monde, «este texto abre el camino a acciones ante las jurisdicciones nacionales sobre la base del derecho internacional general». De hecho, varias ONG anunciaron el jueves que presentarán la próxima semana recursos contra los Estados que adoptaron la resolución pero que no han actualizado su contribución determinada a nivel nacional (CDN) antes de la COP31 de noviembre en Belém.
Francia en el corazón de la negociación
Entre bastidores, la diplomacia francesa desempeñó un papel fundamental. En la embajada de Francia en Nueva York se preparó, bajo la égida del sherpa climático Brice Lalonde, el compromiso de última hora sobre la cuestión de la financiación, que permitió sumar veintitrés Estados africanos. En París, Élisabeth Borne, ahora ministra de Asuntos Exteriores, celebró «un éxito del multilateralismo en una época de dudas». El Elíseo prevé para el lunes un Consejo de Defensa Ecológica para alinear la trayectoria de reducción francesa con el nuevo marco de la ONU. Francia emite hoy 366 millones de toneladas de CO₂ al año, y deberá reducir esa cifra a 270 millones para 2030 para cumplir sus propios compromisos.
Belém en el punto de mira
La resolución llega exactamente seis meses antes de la COP31, que se celebrará en Belém, Brasil, del 9 al 21 de noviembre de 2026. Para el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien presidirá la conferencia, es una carta clave: «Ahora tenemos el mandato político para exigir compromisos a la altura». Por parte de la sociedad civil, Greta Thunberg celebró en redes sociales «un primer paso —ni más, ni menos». Más prudente, la ONG Climate Action Network recuerda que los 141 votos a favor solo valen por la implementación concreta que les seguirá. Y esta dependerá en gran medida de la movilización de la opinión pública.
La opinión de la redacción
No hay que dejarse llevar por la cifra —141 votos a favor, es exactamente el resultado obtenido en 2024 en la resolución que exigía un alto el fuego en Gaza, sin efecto jurídico real. Pero esta comparación olvida lo esencial: por primera vez desde el Acuerdo de París de 2015, el derecho internacional recuerda a los Estados que no solo tienen compromisos políticos, sino obligaciones. Es una revolución conceptual mucho más profunda de lo que parece. Los oponentes lo han comprendido: si Washington votó en contra, no fue por hostilidad al clima sino por temor a futuros litigios. Ahora queda lo más difícil: hacer que estas obligaciones se cumplan en los tribunales nacionales. Es el trabajo de los próximos cinco años, y probablemente la gran obra jurídica de nuestra generación.
A recordar
- Miércoles 20 de mayo de 2026: adopción en Nueva York de la resolución A/79/L.92 sobre las obligaciones climáticas de los Estados.
- Resultado: 141 a favor, 6 en contra (Estados Unidos, Rusia, Israel, Arabia Saudita, Hungría, Argentina), 28 abstenciones.
- Texto derivado de la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia de julio de 2025, a iniciativa de Vanuatu.
- Las energías fósiles se identifican como "causa principal" del desequilibrio.
- Abre el camino a acciones contenciosas ante las jurisdicciones nacionales y la CIJ.
- Paso clave antes de la COP31 de Belém (9-21 de noviembre de 2026).
Fuentes: - RFI — À l'ONU, les États adoptent une résolution qui renforce leurs obligations climatiques, 21 mai 2026 - Le Figaro — Climat : l'ONU adopte un texte pour consolider les obligations des États, 21 mai 2026 - France 24 — L'Assemblée générale de l'ONU adopte un texte pour consolider les obligations des États, 20 mai 2026 - Géo — L'ONU adopte une résolution pour obliger les États à prendre des mesures contre le réchauffement climatique, 21 mai 2026





