Fue a través de un despacho de la agencia Associated Press, publicado el lunes 27 de abril de 2026 en El Cairo y reproducido por el Washington Post, que se conoció la noticia: Irán propone reabrir el estrecho de Ormuz y cesar sus ataques contra los buques mercantes, a cambio del levantamiento del bloqueo naval estadounidense y el fin de la guerra. El programa nuclear, principal punto de fricción entre Teherán y Washington desde el fallido acuerdo de 2015, no formaría parte de esta primera fase. Es, hasta la fecha, la oferta de desescalada más precisa jamás formulada por la República Islámica desde el estallido del conflicto a finales de marzo. Queda por ver si Donald Trump, quien durante varias semanas ha exigido una solución global que incluya el desmantelamiento nuclear, la aceptará.
Una oferta transmitida por Islamabad
Según los dos funcionarios regionales citados por AP, la propuesta iraní habría sido entregada el sábado 25 de abril al gobierno paquistaní por el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, durante su visita a Islamabad. El primer ministro Shehbaz Sharif y el mariscal Asim Munir, jefe del Estado Mayor y hombre fuerte del país, la habrían transmitido luego por vía segura al Departamento de Estado de EE. UU. Es esta etapa la que explica, a posteriori, la sorprendente cancelación del viaje a Islamabad de los emisarios Steve Witkoff y Jared Kushner: Washington ya no necesitaba ir a buscar la oferta, ya estaba sobre la mesa. El lunes por la mañana, Abbas Araghchi continuó su gira en Moscú, donde agradeció a Serguéi Lavrov el «apoyo constante» de Rusia mientras consultaba al Kremlin sobre los posibles contornos de un acuerdo.
Trump entre la tentación y la exigencia maximalista
Por el lado estadounidense, la reacción oficial sigue siendo cautelosa. La Casa Blanca no ha comentado directamente la propuesta, y el portavoz del Departamento de Estado se limitó a indicar que «cualquier iniciativa creíble será estudiada». Entre bastidores, las posiciones están divididas. Una parte de la administración Trump —especialmente el ala representada por J.D. Vance y algunos consejeros económicos— presiona para aprovechar la oportunidad: el aumento del Brent (por encima de los 90 dólares desde el viernes), las presiones del lobby petrolero estadounidense y las preocupaciones de los mercados elevan el coste interno del conflicto. Otra ala, en torno al consejero de seguridad nacional Mike Waltz y el secretario de Defensa Pete Hegseth, considera la oferta insuficiente: para ellos, aceptar sin incluir el tema nuclear equivaldría a dar a Teherán un respiro que utilizaría para relanzar su programa.
Los mercados saludan, con cautela
Al abrir los mercados europeos el lunes por la mañana, el Brent perdía un 1,8% hasta los 88,40 dólares el barril, en un contexto de esperanza de desescalada. Las bolsas europeas —CAC 40, DAX, FTSE 100— abrieron todas al alza, en torno al +0,9%. El euro, que se había fortalecido notablemente frente al dólar la semana anterior, se estabilizó. Pero los analistas se mantienen prudentes: «Hemos visto demasiados episodios de esperanza seguidos de bruscos retornos a la tensión como para entusiasmarnos», modera un estratega de Goldman Sachs citado por Bloomberg. La Reserva Federal, que se reúne el miércoles 29 de abril, debería mantener su postura expectante, condicionando cualquier bajada de tipos a una estabilización duradera del precio de la energía.
El papel clave de Pakistán
Una lección estructural emerge de las últimas horas: la diplomacia paquistaní sale fortalecida de esta secuencia. Por primera vez desde el acuerdo de Abraham (2020), un actor sunita no alineado con las monarquías del Golfo se impone como mediador central entre Teherán y Washington. Asim Munir, en particular, capitaliza su doble relación: confianza pragmática con la administración Trump (encuentro en la Casa Blanca en junio de 2025), proximidad histórica con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní. Sin embargo, no todos los diputados iraníes comparten este entusiasmo: Ebrahim Rezaei, parlamentario conservador, publicó el domingo un mensaje en X calificando a Pakistán de «mediador poco creíble» y «alineado con los intereses de Trump». Una disonancia que recuerda que cualquier acuerdo aún deberá ser ratificado por los Pasdaran y el Líder Supremo Ali Jamenei.
La opinión de la redacción
¿Es la oferta iraní del 27 de abril un punto de inflexión? Probablemente, pero no por las razones que uno cree. En el fondo, la propuesta es hábil: aísla la cuestión nuclear —la más difícil— y propone una solución inmediata al tema de Ormuz, que preocupa a todo el mundo, empezando por los mercados globales. Para Teherán, es una manera elegante de ganar tiempo al tiempo que hace recaer en Washington la responsabilidad de un posible fracaso. Para Donald Trump, es una trampa política: rechazarla es aparecer como el obstáculo a la paz; aceptarla es arriesgarse a ser reprochado por sus propios halcones por haber cedido sin contrapartida nuclear. El arbitraje que se jugará en las próximas horas en la Casa Blanca tendrá consecuencias duraderas: sobre el precio del petróleo, sobre la seguridad de Oriente Medio y, de paso, sobre la credibilidad de la mediación paquistaní. Nuestra intuición: Trump acabará aceptando una versión modificada de la oferta, a cambio de un calendario preciso sobre la fase nuclear. Pero con él, lo impredecible sigue siendo la regla.
Para recordar
- Irán propone reabrir Ormuz y cesar sus ataques a cambio del fin del bloqueo estadounidense.
- Programa nuclear iraní pospuesto a una «fase posterior» de las negociaciones.
- Propuesta transmitida por Pakistán (primer ministro Shehbaz Sharif, mariscal Asim Munir).
- Brent baja un 1,8% a 88,40 $; mercados europeos suben ~0,9%.
- Reunión clave de la Reserva Federal el miércoles 29 de abril de 2026.
Fuentes:





