Este miércoles por la mañana, miles de viajeros franceses descubrieron en la estación el silencio de los andenes vacíos o la letanía de los paneles de cancelación. A instancias de los cuatro principales sindicatos del grupo —CGT Cheminots, Unsa Ferroviaire, Sud-Rail y CFDT Cheminots— una huelga nacional de un día perturba severamente los TGV, Intercités, RER y Transilien. Una imagen que no se veía desde hacía bastante tiempo: la de una intersindical unida, de frente común, negándose a ceder.
Se trata de la primera huelga nacional unitaria bajo la dirección de Jean Castex, nombrado director general de la SNCF el 3 de noviembre de 2025. Para quien llegó a la cabeza del grupo prometiendo restaurar el diálogo y volver a cohesionar una empresa fracturada, el día 10 de junio representa mucho más que un simple movimiento social de rutina. Es una prueba existencial. Y hasta ahora, la nota no es buena.
Lo que realmente quieren los sindicatos
Las demandas presentadas por las cuatro federaciones son múltiples, pero se articulan en torno a un núcleo duro: los salarios y las condiciones de trabajo. A pesar de un aumento del 2,57 % anunciado para 2026 en el marco de las negociaciones anuales obligatorias, los sindicatos consideran que esta revalorización está muy por debajo de la persistente inflación. Señalan que el precio del combustible ha aumentado más del 25 % a finales de marzo de 2026, que la inflación supera holgadamente el 2,5 % en el mismo período, y que el SMIC aumentará un 2,4 % el 1 de junio, pero que la patronal ferroviaria sigue actuando como si todo estuviera bien.
En cuanto a las condiciones de trabajo, la situación es aún más alarmante. En la SNCF, uno de cada tres agentes declara hoy sufrir trastornos de ansiedad o depresivos. Las bajas por enfermedad relacionadas con la salud mental han aumentado un 40 % en cinco años. Los sindicatos denuncian reorganizaciones calificadas de «compulsivas», la filialización del grupo, movilidades forzadas y un aumento de los riesgos psicosociales, mencionando accidentes laborales, bajas por enfermedad y suicidios relacionados con el estrés. Ya no son cifras abstractas: son vidas dañadas por decisiones de gestión tomadas en despachos abiertos de París.
Desde el fin de las contrataciones con estatuto en 2020, los ferroviarios integrados en las nuevas filiales ya no disfrutan de los mismos derechos que los del grupo público histórico. Una fractura interna que corroe la cohesión del grupo desde hace años y que nadie, ni la dirección ni el gobierno, parece tener prisa por abordar seriamente.
Sobre las vías: el caos organizado
Concretamente, para los viajeros, el día se asemeja a una carrera de obstáculos. A nivel nacional, dos de cada tres TGV deberían circular. En la red Intercités, solo circulará uno de cada dos trenes, tanto de día como de noche. La SNCF indica que los viajeros cuyo tren sea cancelado serán contactados y podrán obtener un reembolso o posponer su billete.
En Île-de-France, el panorama es aún peor. La circulación de la mayoría de los trenes RER y Transilien está perturbada durante todo el día, aunque el tráfico en las líneas de metro debería mantenerse normal o casi normal. El RER D funciona entre 1 tren de cada 2 y 1 tren de cada 5 según las ramas, con algunas ramas solo en horas punta. La línea R muestra entre 1 tren de cada 2 y 1 tren de cada 3. Para miles de trabajadores de Île-de-France, es un día que organizar a toda prisa.
¿Y después?
Esta jornada de acción se produce en un contexto de ruptura del diálogo social después de una intersindical el 14 de abril de 2026. El preaviso de momento solo abarca un día aislado. Pero varias fuentes evocan un riesgo de huelga prorrogable si las negociaciones fracasan, especialmente a principios de julio, lo que podría perturbar el lanzamiento de los TGV-M previsto para el 1 de julio. Jean Castex tiene un plazo corto para responder. Si lo deja pasar, el verano promete ser largo.
La opinión de la redacción — Théodore Mécanis
Una huelga unitaria entre cuatro sindicatos que habitualmente se enfrentan en todo, no se construye sobre un capricho. Se construye sobre años de desprecio, de reorganizaciones sufridas y de sufrimiento laboral documentado. La cifra es contundente: uno de cada tres agentes en apuros psicológicos. Cuando una empresa llega a esto, ya no es un problema social, es una crisis humana. Jean Castex, que conoce los entresijos del Estado mejor que nadie, sabe exactamente lo que hay que hacer. La verdadera pregunta es si tiene la autoridad para hacerlo frente a una dirección que confunde modernización con empobrecimiento. El 10 de junio de 2026 debería sonar como una advertencia. Si no se escucha, julio transformará la advertencia en incendio.
Para recordar
- 4 sindicatos unidos (CGT, Unsa, Sud-Rail, CFDT): primera huelga unitaria bajo Castex.
- 2 de cada 3 TGV, 1 de cada 2 Intercités; RER D y línea R fuertemente perturbados.
- Aumento salarial del 2,57 % considerado insuficiente frente a la inflación.
- 1 ferroviario de cada 3 en apuros psicológicos, +40 % de bajas por enfermedad relacionadas con la salud mental en 5 años.
- Riesgo de huelga prorrogable a principios de julio, en vísperas del lanzamiento del TGV-M.





