Cada época está definida por los individuos que la moldean, y el año 2026 no es una excepción. La clasificación publicada por la revista Time en marzo identifica las diez personalidades cuya influencia trasciende las fronteras de su campo. A la cabeza, Sam Altman, CEO de OpenAI, cuya empresa acaba de cerrar una ronda de financiación de 40 mil millones de dólares y ahora emplea a 6.000 personas. Su proyecto de “superinteligencia beneficiosa” divide a la comunidad científica pero cautiva a los mercados: OpenAI está valorada en 340 mil millones de dólares, más que Goldman Sachs y Morgan Stanley juntas. (Fuente: Time, Financial Times)

Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind y ganador del Premio Nobel de Química de 2024, concretó su visión en 2026 con AlphaFold 3, capaz de predecir las interacciones entre proteínas, ADN, ARN y pequeñas moléculas con una precisión del 92%. La tecnología ya ha permitido la identificación de 14 candidatos a medicamentos contra enfermedades raras, tres de los cuales han entrado en ensayos clínicos. Hassabis encarna un modelo de científico-empresario raro: el que produce tanto conocimiento fundamental como valor económico.

En la escena política, el canciller alemán Friedrich Merz se impone como el pivote de la Europa post-Macron. Su “plan de rearme” de 500 mil millones de euros, aprobado en febrero, provocó un seísmo político en Alemania, pero reposicionó a Berlín como una potencia militar creíble frente a Moscú. En las antípodas, el Primer Ministro indio Narendra Modi prosigue su estrategia de equilibrio: aliado de Estados Unidos en el comercio, socio de Rusia en la energía, competidor de China en el sudeste asiático. India, ahora la quinta economía mundial, proyecta superar a Alemania para 2028. (Fuente: Der Spiegel, Banco Mundial)

El mundo de las finanzas tiene sus propias figuras tutelares. Jensen Huang, CEO de Nvidia, vio cómo la capitalización bursátil de su empresa superaba los 4 billones de dólares en marzo de 2026, convirtiendo a Nvidia en la segunda empresa más valorada del mundo, detrás de Apple. Cada centro de datos, cada laboratorio de IA, cada vehículo autónomo depende de sus procesadores GPU: Huang controla la infraestructura física de la revolución de la inteligencia artificial. Su frase en el CES 2026 —“El software devora el mundo, pero el hardware devora el software”— se ha convertido en un mantra en Silicon Valley. (Fuente: Bloomberg, CNBC)

Finalmente, figuras emergentes redefinen los contornos del poder. Dara Khosrowshahi, CEO de Uber, ha transformado la plataforma en un conglomerado logístico integrado —movilidad, entrega, carga, fintech— con unos ingresos que superan los 50 mil millones de dólares. Mira Murati, ex CTO de OpenAI, fundó su propia startup de IA, Thinking Machines, con una ronda inicial de 2 mil millones de dólares, un récord. Y Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC, negocia el primer acuerdo multilateral sobre la tributación de los servicios de inteligencia artificial, un expediente que podría generar 120 mil millones de dólares al año para los países en desarrollo. El poder en 2026 ya no es solo político: es tecnológico, económico y algorítmico. (Fuente: Time, The Economist, Bloomberg)