Veinticuatro horas. Ese habrá sido el plazo entre la conferencia de París, organizada el viernes 17 de abril bajo la égida de Emmanuel Macron y Keir Starmer, y la decisión iraní de cerrar este sábado el estrecho de Ormuz, abriendo fuego contra buques mercantes. Veinticuatro horas durante las cuales la Europa diplomática habrá creído, brevemente, que podía imponer su ritmo. El despertar es duro y la secuencia merece ser analizada, porque dice mucho del estado real de la autonomía estratégica europea, una fórmula política esgrimida desde hace diez años pero que aún lucha por encontrar su traducción operativa.

Una iniciativa justa, pero llegada demasiado tarde

Que nadie se equivoque: la iniciativa franco-británica era pertinente, e incluso necesaria. La ausencia de Estados Unidos, que se negó a asociarse a una démarche considerada insuficientemente ofensiva, creaba un vacío que París y Londres tenían razón en querer llenar. El formato elegido — videoconferencia a treinta, misión «puramente defensiva», sin dimensión ofensiva — era diplomáticamente hábil. Respetaba las sensibilidades del Golfo, no aislaba a Teherán y ofrecía una alternativa creíble a la estrategia de máxima presión de Washington. Pero la iniciativa llegó tarde, tras varias semanas de titubeos europeos, y sin el menor dispositivo militar listo para zarpar a la mañana siguiente.

El problema no es político, es de capacidad

La dificultad central es conocida desde hace veinte años: Europa no dispone, por sí sola, de los medios de proyección naval y de inteligencia satelital necesarios para asegurar de forma duradera un estrecho como Ormuz. La Marina francesa alinea dos fragatas en la zona, la Royal Navy una, Italia y España algunas unidades complementarias. Esto hace, en total, el equivalente a una media Task Force — frente a un Estado, Irán, que puede movilizar decenas de lanchas rápidas, minas marinas y baterías costeras de medio alcance. Un dispositivo defensivo creíble exigiría cuatro o cinco veces más medios, y un mando integrado que no existe.

Berlín, Roma, Madrid: ¿dónde están?

La videoconferencia del 17 de abril mostró, implícitamente, la magnitud de las ausencias. Alemania, que depende en gran medida del gas y del petróleo que transitan por el Golfo, no tomó ninguna iniciativa propia. Italia, aunque directamente expuesta por su geografía mediterránea, se mantuvo discreta. España, que dispone de una marina de envergadura, no anunció ningún compromiso operativo. Este silencio colectivo es el verdadero problema: mientras la defensa europea repose únicamente en la pareja franco-británica — ahora, en parte, fuera de la UE — el proyecto de autonomía estratégica seguirá siendo una fórmula retórica.

Lo que este episodio debe enseñarnos

El episodio de Ormuz no es una humillación: es una advertencia. Indica que la diplomacia sin una capacidad militar creíble no pesa nada frente a un actor determinado como Teherán. Indica también que la unidad de intenciones no es suficiente si no está respaldada por una integración operativa real — cadena de mando, reglas de enfrentamiento comunes, financiación mutualizada, doctrina compartida. Sin eso, cada crisis se saldará con el mismo esquema: anuncio solemne europeo, elusión por el actor hostil, regreso a las protecciones estadounidenses. Una dependencia de la que los europeos dicen querer liberarse desde 2003.

La opinión de la redacción

Hay que saludar el coraje político de la iniciativa parisina — comprometer su palabra en un dossier tan inflamable nunca es trivial. Pero también hay que decir la verdad: sin una aceleración masiva del gasto militar europeo, sin una integración operativa de las marinas nacionales y sin capacidades satelitales soberanas, estas conferencias seguirán siendo ejercicios de buena voluntad. La autonomía estratégica no se decreta en una videoconferencia; se construye en los astilleros, en los centros de inteligencia y en los presupuestos plurianuales. El despertar del sábado 18 de abril debe ser la ocasión de superar finalmente este escollo.

A retener

- Conferencia de París del 17 de abril de 2026: treintena de países en torno a Macron y Starmer.

- Veinticuatro horas después, Irán cierra Ormuz y dispara contra buques mercantes.

- Europa no dispone, sola, de las capacidades navales y satelitales necesarias.

- Alemania, Italia, España se mantuvieron a distancia a pesar de estar directamente expuestas.

- La autonomía estratégica europea exige integración operativa y presupuestos plurianuales.

Fuentes:

- BFMTV — Una treintena de países en torno a Macron y Starmer para la misión Ormuz, 17 de abril de 2026

- AP News — Iran Revolutionary Guard fires on tanker in Strait of Hormuz, 18 de abril de 2026

- Reuters — Macron, Starmer chair conference on defensive Hormuz mission, 14 de abril de 2026

- NPR — Iran says it has closed Strait of Hormuz again, 18 de abril de 2026