Una «enfermedad breve y repentina». Con estos eufemísticos términos, la oficina del senador republicano por Carolina del Sur anunció, a primera hora del domingo, el fallecimiento de Lindsey Graham a la edad de 71 años. Horas antes, el hombre que durante veintitrés años había encarnado el ala más intervencionista del Partido Republicano acababa de regresar de un viaje a Ucrania, donde se había reunido con Volodímir Zelenski por décima vez desde el inicio de la invasión rusa.
Una disección aórtica fatal
Los primeros elementos transmitidos por la oficina del forense del distrito de Columbia mencionan una disección aórtica consecutiva a una enfermedad cardiovascular aterosclerótica. Según grabaciones de radio obtenidas por NBC, los servicios de emergencia intervinieron el sábado por la noche en su domicilio de Capitol Hill por un paro cardíaco; fotografías muestran a los bomberos evacuando un cuerpo en camilla hacia una ambulancia. Un colaborador cercano aseguró que no se había observado ninguna señal de advertencia en los días previos.
Una voz importante en la defensa estadounidense
La desaparición de Graham priva a Washington de una de sus voces más escuchadas en temas de defensa. Presidente de la Comisión de Presupuestos del Senado, también había presidido la de Justicia entre 2019 y 2022, pilotando en particular la confirmación exprés de la jueza Amy Coney Barrett en la Corte Suprema. Su trayectoria política seguirá siendo un caso de estudio: detractor virulento de Donald Trump durante las primarias de 2016 —lo había calificado de «incapaz para el cargo»— se había convertido en uno de sus asesores más cercanos en la escena internacional, abogando incansablemente por una línea dura frente a Irán y un apoyo inquebrantable a Kiev.
Homenajes bipartidistas
Los homenajes llegaron de todo el espectro político. Donald Trump saludó a «uno de los mejores senadores» que había conocido, precisando que había hablado con él por teléfono unas horas antes de su muerte —«aparte del cansancio, estaba bien», informó el presidente. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, evocó un «corazón apesadumbrado», mientras que George W. Bush elogió a un hombre que «entendía cómo funciona el mundo». En Israel, Benjamin Netanyahu e Isaac Herzog saludaron a un aliado histórico; por el contrario, algunos medios estatales iraníes celebraron la desaparición de uno de los arquitectos del apoyo estadounidense a los ataques contra Teherán.
Una sucesión bajo alta tensión
A nivel institucional, la ley de Carolina del Sur confía al gobernador Henry McMaster la tarea de designar un reemplazo hasta el próximo enero. Sin embargo, Graham acababa de ganar, en junio, sus primarias para un quinto mandato; los republicanos del estado deben ahora encontrar in extremis un nuevo candidato para las elecciones de noviembre, esperándose una primaria especial ya en agosto. Entre los contendientes mencionados figura la vicegobernadora Pamela Evette, cercana al movimiento trumpista.
La opinión de la redacción
Lo que llama la atención de esta desaparición no es solo su brutalidad, sino el vacío estratégico que deja. Graham no era un senador más entre cien: era uno de los últimos puentes entre el ala aislacionista ascendente del trumpismo y la tradición intervencionista republicana heredada de McCain. Su muerte ocurre en un momento en que precisamente este puente era el más solicitado —Ucrania, Irán, tensiones en el Congreso sobre los créditos militares. La batalla por su escaño y por su influencia perdida se librará en las próximas semanas, y dirá mucho sobre la dirección que realmente está tomando el Partido Republicano en 2026.
Para recordar
- 71 años: edad de Lindsey Graham al momento de su fallecimiento.
- Disección aórtica mencionada por el forense del distrito de Columbia.
- Henry McMaster debe nombrar un reemplazo hasta enero de 2027.
- Primaria especial esperada en Carolina del Sur a partir de agosto de 2026.
- Una figura clave del apoyo estadounidense a Ucrania y de la línea dura sobre Irán desaparece en plena escalada regional.





