El ejército israelí cruzó un umbral estratégico en la noche del 5 al 6 de abril de 2026 al bombardear el complejo petroquímico de South Pars, ubicado en la provincia de Bushehr, en el sur de Irán. Este sitio, adyacente al yacimiento de gas más grande del mundo compartido con Qatar, constituye el corazón de la industria energética iraní. Según las FDI, el ataque destruyó «varias unidades de refinación y almacenamiento», reduciendo significativamente la capacidad de producción del complejo. Imágenes satelitales analizadas por agencias de inteligencia de código abierto muestran incendios masivos visibles a varias decenas de kilómetros. (Fuente: 9News, The National)
Este ataque forma parte de la estrategia israelí de «degradación metódica» de las capacidades económicas y militares iraníes. Desde el inicio del conflicto, las FDI afirman haber eliminado a varios altos cargos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, incluido el jefe de inteligencia, y prometen «perseguir a los líderes iraníes uno por uno». Sin embargo, el ataque a South Pars representa una escalada cualitativa: por primera vez, se ataca una instalación energética civil importante, lo que desdibuja la frontera entre objetivos militares y económicos. (Fuente: Times of Israel, Reuters)
La respuesta iraní no se hizo esperar. El ministro de Defensa denunció un «ataque bárbaro contra infraestructuras civiles vitales» y anunció que «represalias proporcionadas» apuntarían a las instalaciones energéticas israelíes, en particular las terminales de gas en alta mar de Leviatán y Tamar en el Mediterráneo oriental. El comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria reiteró la amenaza de un cierre total del Estrecho de Ormuz «mientras continúen los bombardeos en suelo iraní». (Fuente: Al Jazeera, AFP)
Las consecuencias para el mercado energético mundial son inmediatas. El gas natural licuado (GNL) asiático subió un 7% al abrir los mercados el lunes, mientras que el petróleo Brent se situó por encima de los 117 dólares el barril. Analistas de Goldman Sachs estiman que la destrucción de South Pars retira del mercado aproximadamente 1,2 millones de barriles equivalentes de petróleo por día, agravando el déficit de oferta ya provocado por el cierre de Ormuz. Qatar, que comparte el yacimiento de gas con Irán, expresó su «profunda preocupación» por los riesgos de daños colaterales en sus propias instalaciones. (Fuente: Bloomberg, Goldman Sachs)
En el plano jurídico, el ataque a South Pars reaviva el debate sobre el derecho internacional humanitario y la distinción entre objetivos militares y civiles. El Secretario General de las Naciones Unidas condenó «los ataques contra las infraestructuras energéticas que privan a las poblaciones civiles de recursos esenciales» y pidió una remisión urgente al Consejo de Seguridad. Juristas internacionales señalan que el complejo de South Pars, aunque parcialmente utilizado con fines militares, también alimenta la red eléctrica civil iraní, lo que podría constituir una violación de los Convenios de Ginebra. (Fuente: ONU, Reuters)





