La computación cuántica ya no es una amenaza teórica. Con los recientes avances de Google, IBM y laboratorios chinos, los expertos estiman que las primeras computadoras cuánticas capaces de romper los sistemas de cifrado actuales —el famoso «Día-Q»— podrían aparecer ya en 2029, es decir, tres años antes de lo previsto.
Ante esta amenaza existencial, las empresas y los gobiernos están acelerando la transición hacia la criptografía post-cuántica. El NIST estadounidense ha finalizado sus cuatro algoritmos de cifrado resistentes a las computadoras cuánticas, y su adopción es ahora obligatoria para todas las infraestructuras críticas federales estadounidenses.
Los bancos están en primera línea. JPMorgan Chase ha anunciado una inversión de 2.000 millones de dólares en la migración de sus sistemas a protocolos post-cuánticos. «Es la mayor actualización de seguridad en la historia de las finanzas», declaró su director de seguridad informática.
La amenaza «Harvest Now, Decrypt Later» (HNDL) es particularmente preocupante: actores estatales interceptan y almacenan masivamente datos cifrados hoy, a la espera de poder descifrarlos mañana con computadoras cuánticas. Los datos médicos, bancarios y diplomáticos son los objetivos prioritarios.
Paradójicamente, la computación cuántica también ofrece nuevas soluciones de seguridad, como la distribución cuántica de claves (QKD), que permite un cifrado teóricamente inviolable basado en las leyes de la física cuántica. China ha desplegado la primera red QKD operativa que une Pekín con Shanghái en 2.000 km.
Europa prepara su respuesta con EuroQCI, una red de comunicación cuántica paneuropea que debería estar operativa para 2028, conectando los 27 países miembros en un escudo cuántico común.




