Es un terremoto político en América Latina. Abelardo de la Espriella, abogado y empresario de 47 años, novato en política y apoyado por Estados Unidos, ganó el domingo 21 de junio la segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas. Según los resultados preliminares publicados durante la noche, se impuso por un estrecho margen con el 49,7 % de los votos frente al senador de izquierda Iván Cepeda, con un 48,7 %, aliado del presidente saliente Gustavo Petro. El ganador, apodado «El Tigre», asumirá el cargo el 7 de agosto.
Un giro brutal después del primer gobierno de izquierda
La victoria marca un punto de inflexión para un país que, por primera vez en su historia, estaba gobernado por la izquierda. De la Espriella se impuso con un discurso ofensivo contra las guerrillas, el narcotráfico y la izquierda en el poder, prometiendo una mayor firmeza en seguridad, una bajada de impuestos y un estrechamiento de los lazos con Washington. El cambio pone fin, tras un solo mandato, a la experiencia progresista iniciada por Gustavo Petro en 2022.
Trump y Rubio en primera línea
Donald Trump saludó el resultado en su red social, y el secretario de Estado Marco Rubio mencionó de inmediato una futura cooperación reforzada en materia de seguridad regional y lucha contra la inmigración ilegal. Colombia se une así a la ola conservadora que ya ha conquistado la Argentina de Javier Milei, Chile y Ecuador, redibujando los equilibrios diplomáticos de un continente dividido entre dos bloques.
Una victoria disputada
La transición se anuncia tensa. Iván Cepeda se negó a reconocer su derrota antes del recuento definitivo y tiene la intención de impugnar los resultados de decenas de miles de mesas de votación, aunque los observadores nacionales e internacionales no han detectado hasta ahora ningún fraude importante. En varias ciudades, estallaron manifestaciones tras el anuncio de los resultados; en Cali y Bogotá, hubo enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden, sin balance oficial hasta el momento.
Heredar un país polarizado
«El Tigre» toma las riendas de una Colombia profundamente polarizada y que sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína. Sobre la aplicación del acuerdo de paz de 2016 con las FARC, sobre la política antidrogas, sobre la fiscalidad y sobre la relación con Caracas, los márgenes de compromiso con la oposición se anuncian estrechos. Los mercados financieros abrieron al alza en Bogotá, anticipando una política proempresarial.
La opinión de la redacción
La verdadera prueba no será el resultado, sino la capacidad del nuevo presidente para evitar la espiral de contestación postelectoral que acecha a las democracias latinoamericanas polarizadas. La reacción del bando de Cepeda en los próximos días pesará más en la estabilidad del país que las decisiones económicas anunciadas durante la campaña.





