Es una palabra que repiten todos los cerealistas este verano: algo sin precedentes. Según las primeras estimaciones oficiales publicadas el miércoles por el servicio estadístico del Ministerio de Agricultura, Agreste, la cosecha francesa de trigo blando debería alcanzar los 31,996 millones de toneladas en 2026, lo que supone un descenso del 4% con respecto al año anterior y aproximadamente un 2% por debajo de la media 2021-2025.
Más superficies, menor rendimiento
Este retroceso no se explica por un desinterés de los agricultores: la superficie dedicada al trigo blando, al contrario, ha aumentado un 2,8% interanual, alcanzando casi 4,61 millones de hectáreas. Es el rendimiento medio el que se desploma, pasando de 74,2 quintales por hectárea en 2025 a 69,3 quintales este año, es decir, un retroceso del 6,6%. En definitiva, los agricultores han cultivado más superficie para, al final, cosechar proporcionalmente menos.
El clima, en el punto de mira
La causa hay que buscarla en el cambio climático. Entre el 17 y el 30 de junio de 2026, Francia atravesó un episodio de calor precoz, duradero y de una intensidad excepcional: junio de 2026 se ha convertido en el mes de junio más cálido jamás registrado en el país, con una temperatura media que superó en 3,8 °C la media de referencia 1991-2020. Al mismo tiempo, el déficit nacional de precipitaciones rozó el 50%.
Cuando el calor golpea durante la fase de llenado del grano, la planta tiene menos tiempo para transferir sus reservas, lo que reduce su peso medio —y por tanto el rendimiento por hectárea— sin necesariamente degradar la calidad del grano en sí.
Un calendario alterado
Consecuencia directa de esta meteorología extrema: un calendario de cosechas totalmente alterado. «Cosechas que, a 14 de julio, están prácticamente terminadas en todas partes, salvo en el norte de Francia —aunque eso es bastante normal para ellos—, nunca había pasado», se sorprendió Benoît Piétrement, presidente de la interprofesional Intercéréales, a la AFP. En la Marne, donde él mismo explota tierras, el cerealista describe una concatenación inédita: sequía desde abril, luego un primer episodio de calor a finales de mayo-principios de junio, seguido de dos olas adicionales hasta mediados de julio. En los suelos más superficiales, la situación se califica de «verdadera catástrofe».
Exportaciones y seguridad contra incendios
Desde el punto de vista comercial, Francia, primera potencia cerealista de Europa, debería seguir conservando su capacidad para exportar más de 14 millones de toneladas de trigo durante la campaña 2026-2027, de las cuales unos 7 millones a países fuera de la Unión Europea —un volumen no obstante en ligero retroceso, especialmente debido a una buena cosecha esperada en Marruecos. Las filiales agrícolas recuerdan además que estas cosechas tempranas se desarrollaron en condiciones a veces peligrosas, habiendo impuesto algunos departamentos restricciones al uso de cosechadoras, ya que la más mínima chispa podía desencadenar un incendio.
La opinión de la redacción
Más allá de las cifras, esta cosecha de 2026 confirma una tendencia de fondo: el calendario agrícola francés se desplaza inexorablemente hacia adelante bajo el efecto del calentamiento climático, mientras que los rendimientos dependen cada año más de una meteorología de final de ciclo impredecible. La paradoja es llamativa: más superficies cultivadas para una cosecha, sin embargo, menor. Esta ecuación afecta directamente a la seguridad alimentaria y a los ingresos agrícolas.





