Después de más de tres años de debates, los diputados examinan a partir de este lunes 22 de junio de 2026, en sesión pública, la propuesta de ley que establece un «derecho a la ayuda a morir». Es la tercera lectura de un texto con un recorrido parlamentario caótico: aprobado dos veces por la Asamblea —en mayo de 2025, y luego en febrero de 2026 por 299 votos contra 226—, pero rechazado en dos ocasiones por el Senado, mayoritariamente hostil. El fracaso de la comisión mixta paritaria, a principios de junio, devolvió el texto al Palacio Borbón.
Un calendario apretado
El calendario está ahora bajo tensión: examen en el hemiciclo hasta el 26 de junio, votación solemne el 30 de junio, nueva lectura en el Senado a principios de julio, y luego la votación final de los diputados esperada para el 15 de julio —la Asamblea tendrá la última palabra en caso de desacuerdo persistente. El objetivo declarado del gobierno es su entrada en vigor antes del final del quinquenio, lo que implica una promulgación rápida y la adopción de varios decretos de aplicación durante el verano.
Cinco condiciones de acceso
El texto establece cinco condiciones acumulativas para acceder a la ayuda a morir: ser mayor de edad, residir en Francia de forma estable y regular, sufrir una afección grave e incurable que comprometa el pronóstico vital en «fase avanzada», presentar un sufrimiento físico o psíquico refractario a cualquier tratamiento, y poder expresar su voluntad de manera libre e informada. El procedimiento se basa en una decisión colegiada de varios médicos, con plazos de reflexión controlados.
Una mayoría cada vez más estrecha
El resultado sigue siendo incierto. Aunque parece que hay una mayoría, la diferencia se reduce escrutinio tras escrutinio, y al menos dieciocho cargos electos de todos los partidos han pasado del «sí» al «no» entre las dos últimas lecturas. Los opositores, desde las sociedades científicas de cuidados paliativos hasta las autoridades religiosas, denuncian un texto que consideran impreciso —en particular sobre la noción de «fase avanzada»— y un procedimiento demasiado rápido. Varias asociaciones, entre ellas Alliance Vita, organizaron este 22 de junio concentraciones en toda Francia.
El debate de fondo
Por parte de los partidarios, se insiste en el derecho de los enfermos a elegir un final digno, en la autonomía de la persona y en los límites de los cuidados paliativos cuando ninguna solución alivia el sufrimiento. Una parte del bando favorable también recuerda que los franceses ya viajan a Bélgica o Suiza para beneficiarse de procedimientos equivalentes, creando de facto una desigualdad de acceso según los ingresos. El texto prevé, en paralelo, un refuerzo significativo de los recursos de las unidades de cuidados paliativos, cuya cobertura territorial sigue siendo muy desigual.
La opinión de la redacción
El verdadero desafío de las próximas dos semanas no reside tanto en la votación final como en el contenido preciso del texto que será promulgado. Las definiciones adoptadas para la «fase avanzada» y para el «sufrimiento refractario» determinarán, más que cualquier debate de principios, el alcance real del dispositivo. Es en estas líneas técnicas, más que en las declaraciones de tribuna, donde se jugará el significado de la ley.





